Año 1936

El asalto al Cuartel de la Montaña

«El asalto al Cuartel de la Montaña, ocurrido en Madrid el 20 de julio de 1936, fue un enfrentamiento entre militares sublevados y fuerzas leales a la República que marcó el fracaso del levantamiento militar en la capital y el inicio de la Guerra Civil Española.»

El asalto al Cuartel de la Montaña, ocurrido el 20 de julio de 1936, fue uno de los primeros y más significativos enfrentamientos de la Guerra Civil Española.
El suceso tuvo lugar en Madrid, apenas dos días después del alzamiento militar del 17–18 de julio, con el que parte del Ejército español se sublevó contra el gobierno de la Segunda República.
En ese momento, España estaba profundamente dividida: el país vivía una grave crisis política, económica y social, con una fuerte polarización entre sectores de izquierda —republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas— y sectores conservadores y militares que se oponían a las reformas del gobierno del Frente Popular.
La rebelión militar pretendía derrocar al régimen republicano y establecer un nuevo orden autoritario. Sin embargo, en Madrid, la sublevación no triunfó, y el asalto al Cuartel de la Montaña se convirtió en el símbolo del fracaso del levantamiento en la capital.
El Cuartel de la Montaña, situado en la actual Plaza de España de Madrid, era uno de los principales edificios militares de la ciudad.
Había sido construido a mediados del siglo XIX como sede del Regimiento de Infantería de Montaña, y en 1936 albergaba a unos 1.500 soldados bajo el mando del general Joaquín Fanjul, antiguo director de la Guardia Civil y figura afín a los sectores monárquicos y conservadores del Ejército.
Tras el estallido del alzamiento en otras ciudades (Sevilla, Zaragoza, Pamplona o Burgos), Fanjul decidió unirse a la rebelión y hacerse fuerte en el cuartel, esperando la llegada de refuerzos sublevados o el apoyo de otras unidades de Madrid.
Sin embargo, el gobierno republicano, presidido por José Giral, reaccionó rápidamente y entregó armas a las organizaciones obreras y milicias populares para sofocar el levantamiento.

En la madrugada del 20 de julio de 1936, el cuartel quedó completamente rodeado por fuerzas leales a la República: guardias de asalto, carabineros y miles de milicianos procedentes de partidos y sindicatos de izquierda (UGT, CNT, PSOE, PCE, entre otros).
Durante horas, el general Fanjul y sus oficiales intentaron resistir, esperando refuerzos que nunca llegaron. Los asaltantes exigieron la rendición, pero los defensores se negaron, iniciándose un intenso intercambio de disparos y bombardeos.
A medida que avanzaba el día, los republicanos tomaron posiciones más cercanas y utilizaron artillería y dinamita para abrir brechas en el edificio. Hacia el mediodía, el cuartel se encontraba prácticamente destruido, y muchos de los soldados, asustados o sin mando, comenzaron a rendirse.
Finalmente, la multitud irrumpió en el interior del cuartel, donde se produjeron ejecuciones y linchamientos de militares sublevados. El general Fanjul fue detenido y trasladado a prisión, donde sería ejecutado semanas después. El edificio, convertido en ruinas, quedó como símbolo del fracaso del levantamiento militar en Madrid.
El asalto al Cuartel de la Montaña tuvo un impacto decisivo en el desarrollo de la guerra.
En primer lugar, la derrota de los sublevados en Madrid aseguró que la capital permaneciera bajo control republicano durante toda la contienda, convirtiéndose en el centro político y militar de la resistencia republicana.
Además, el episodio marcó el inicio del proceso de militarización de las milicias populares, que, armadas por el gobierno, pasaron a tener un papel activo en la defensa del régimen. También provocó una radicalización del conflicto, pues la violencia desatada en el asalto —con muertos en ambos bandos— alimentó la espiral de odio y venganza que caracterizó los primeros meses de la guerra.
En términos simbólicos, el asalto se convirtió en uno de los episodios más emblemáticos del inicio de la Guerra Civil, interpretado de forma opuesta por ambos bandos: para los republicanos, fue la defensa legítima del gobierno ante un golpe de Estado; para los sublevados, un acto de violencia revolucionaria que anticipaba el caos que, según ellos, debía ser combatido.
Tras la guerra, el Cuartel de la Montaña no fue reconstruido. Durante el franquismo, el lugar fue transformado simbólicamente: en los años 40 se edificó en ese solar el Templo de Debod (más tarde trasladado a otra ubicación) y, con el tiempo, la zona pasó a formar parte de la actual Plaza de España y el Parque del Cuartel de la Montaña, donde hoy se encuentra el Monumento a los Caídos del Cuartel de la Montaña.
En la memoria colectiva, el episodio sigue siendo un punto de referencia para entender el estallido de la guerra en Madrid y la fractura política y social de España en 1936.
El asalto al Cuartel de la Montaña no solo fue un combate urbano: representó el choque directo entre la legalidad republicana y la insurrección militar, el paso definitivo de la crisis política a la guerra abierta.
Su desenlace influyó decisivamente en la configuración de los frentes y en la duración del conflicto, pues al permanecer Madrid bajo control republicano, el ejército sublevado tuvo que prolongar la guerra durante casi tres años para intentar conquistarla.

Related posts

Avance hacia Madrid – Campaña de Extremadura

admin

Unemployment Rate Of U.S in Late 60s

admin

The List of Best 30s Romance Movies

admin