“El General Emilio Mola Vidal fue el director y estratega clandestino de la conspiración militar que desembocó en el golpe de Estado del 17 y 18 de julio de 1936 y en el inicio de la Guerra Civil Española. Su plan, articulado a través de una serie de «Instrucciones Reservadas» a partir de abril de 1936, no solo delineó la acción militar, sino que ya preveía la supresión de la legalidad republicana mediante la violencia y la represión sistemática.”
A comienzos de 1936, la conspiración militar contra la República no tenía aún un mando único claramente definido. Emilio Mola asume ese mando operativo (“Director”) en torno al 19 de abril de 1936. Desde Pamplona, Mola reorganiza la trama conspirativa, asegurando apoyo de oficiales, facilitando enlaces, movimientos de tropas y contactos con fuerzas derechistas.
Mola redacta varias circulares de carácter secreto que marcan la hoja de ruta del alzamiento. Por ejemplo: En la instrucción de mayo‑junio 1936 se especifica que “la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado”.
El plan de columnas: las divisiones orgánicas V (Zaragoza), VI (Burgos) y VII (Valladolid) formarían cada una una columna que convergería sobre Madrid desde el norte, mientras otras divisiones mantendrían sus demarcaciones. También el Ejército de África intervendría por el sur.
Mola fijó en 72 horas el plazo para tomar Madrid, asumiendo que la guarnición de la capital se uniría o se mantendría pasiva, aunque el plan estaba bien diseñado, su ejecución se topó con dificultades importantes
En la capital Madrid y en Cataluña, la sublevación no logró la adhesión completa de las fuerzas gubernamentales y las masas trabajadoras respondieron con resistencia. Las columnas previstas no lograron avanzar tan rápido como Mola había previsto, y el frente se estabilizó (ej. batalla de la sierra de Guadarrama) en vez de una toma fulminante, por ello, el plan original se transforma en guerra prolongada, y Mola asume el mando del frente norte.
Parte del diseño de Mola contemplaba que, tras la sublevación, se aplicasen medidas de represión inmediata contra dirigentes políticos, sindicatos y fuerzas obreras, con castigos ejemplares. Una orden del 6 de agosto de 1936 firmada por Mola permitió simplificar los trámites de identificación de cadáveres en la zona norte, lo que demuestra que la represión formaba parte del plan operativo.
