Valentín González González (1904–1983), conocido popularmente como “El Campesino”, fue uno de los comandantes más carismáticos y polémicos del Ejército republicano durante la Guerra Civil Española (1936–1939).
Autodidacta, comunista convencido y líder natural entre los obreros y campesinos, su vida refleja las contradicciones y tragedias del siglo XX español: del campo extremeño al frente de batalla, del heroísmo popular al exilio y la desilusión.
“El Campesino” simboliza al militante obrero que, sin formación militar, alcanzó los más altos mandos del ejército republicano gracias a su valentía, liderazgo y lealtad al Partido Comunista de España (PCE).
Su historia combina epopeya, sacrificio y desencanto: una vida marcada por la lucha revolucionaria, la guerra y la amarga experiencia del exilio soviético.
Nació en Malanquilla (Badajoz) el 4 de noviembre de 1904, en el seno de una familia campesina muy humilde.
Desde muy joven trabajó como jornalero y minero, lo que forjó su carácter duro y su conciencia de clase.
A comienzos de los años 20 emigró a las minas asturianas, donde entró en contacto con los movimientos obreros y las ideas socialistas y comunistas.
Durante la dictadura de Primo de Rivera (1923–1930), participó en huelgas y protestas obreras, siendo detenido y encarcelado en varias ocasiones.
Con la proclamación de la Segunda República en 1931, se afilió al Partido Comunista de España (PCE) y se convirtió en un activista sindical destacado, conocido por su oratoria enérgica y su habilidad para organizar a los trabajadores rurales.
La primera gran aparición de Valentín González en la escena política y social fue durante la Revolución de Asturias de 1934, el levantamiento obrero contra el gobierno conservador de la Segunda República.
Allí actuó como organizador y combatiente en las filas revolucionarias, participando en acciones armadas junto a los mineros asturianos.
Tras la derrota de la insurrección, fue detenido y condenado a prisión, donde permaneció hasta la amnistía de 1936, decretada por el nuevo gobierno del Frente Popular.
Su experiencia en Asturias y su reputación de luchador le otorgaron un gran prestigio entre los militantes comunistas.
Con el estallido de la Guerra Civil en julio de 1936, Valentín González se unió de inmediato a la defensa de la República.
En los primeros meses, organizó milicias obreras en Madrid y Guadalajara, que pronto serían integradas en el Ejército Popular de la República.
Su valentía y capacidad de liderazgo lo llevaron a ser nombrado comandante de brigada y, más tarde, jefe de la 46.ª División.
Participó en algunas de las batallas más decisivas del conflicto, destacando su actuación en:
La defensa de Madrid (1936–1937), donde su unidad resistió con tenacidad el asedio franquista.
La Batalla del Jarama (febrero de 1937), frenando el avance del ejército sublevado hacia la capital.
La Batalla de Guadalajara (marzo de 1937), donde las fuerzas republicanas lograron una importante victoria sobre las tropas italianas.
Las campañas del Norte y de Aragón, donde dirigió operaciones en condiciones extremadamente difíciles.
Valentín González se convirtió en una figura popular y propagandística para el bando republicano. Su imagen de campesino valiente, con mono de miliciano y fusil al hombro, encarnaba el ideal del pueblo en armas.
Sin embargo, su relación con los mandos superiores —y en especial con asesores soviéticos y comisarios políticos— fue conflictiva.
Se le reprochaba su indisciplina y temperamento violento, aunque su arrojo en el campo de batalla era indiscutido.
Tras la derrota republicana en 1939, “El Campesino” cruzó la frontera hacia Francia, donde fue internado en los campos de concentración de Argelès-sur-Mer y Gurs.
Gracias a la mediación del Partido Comunista Francés, consiguió refugiarse en la Unión Soviética, país al que admiraba profundamente por su ideología marxista-leninista.
En la URSS se le reconoció inicialmente como héroe republicano y militar leal al comunismo, pero pronto su situación cambió.
Durante los años de Stalin, muchos exiliados españoles fueron sometidos a vigilancia, represión o deportación, acusados de “traición” o “desviacionismo”.
“El Campesino” cayó en desgracia y fue detenido en 1941, pasando por campos de trabajo del Gulag soviético durante varios años.
Su desilusión con el régimen comunista fue total, y a su liberación rompió con el PCE y con la URSS.
En 1949, Valentín González protagonizó una espectacular fuga de la Unión Soviética, atravesando clandestinamente Irán y otros países de Oriente Medio hasta llegar a Francia.
Allí denunció públicamente las condiciones del Gulag y la represión soviética, lo que causó gran impacto en la opinión pública europea.
Publicó varios libros autobiográficos, entre ellos:
“Vida y muerte en la URSS” (1951)
“El Campesino: historia de un guerrillero español”
