Año 1937

Toma de Málaga

«La toma de Málaga, en febrero de 1937, fue una ofensiva del bando franquista que culminó con la ocupación de la ciudad por las tropas nacionales e italianas, marcando una dura derrota republicana y provocando el éxodo de miles de civiles hacia Almería.»

La toma de Málaga y el posterior éxodo de la población civil conocido como “la Desbandá” constituyen uno de los episodios más trágicos de la Guerra Civil Española.
En febrero de 1937, las tropas del bando sublevado, apoyadas por unidades italianas enviadas por Benito Mussolini, ocuparon la ciudad de Málaga, que hasta entonces había permanecido bajo control republicano.
La caída de la ciudad no solo supuso una importante victoria militar para los sublevados, sino también el inicio de una de las mayores tragedias humanitarias del conflicto: la huida de decenas de miles de civiles por la carretera costera hacia Almería, perseguidos por tierra, mar y aire.
Desde el inicio de la guerra, Málaga había quedado en el bando republicano, aunque su control era débil y estaba fragmentado entre diversas fuerzas políticas: anarquistas, comunistas, socialistas y milicianos locales.
A pesar del entusiasmo popular por defender la República, la ciudad sufría una falta de organización militar, escasez de armamento y conflictos internos entre los distintos grupos que controlaban el poder.
Mientras tanto, en el frente nacional, el general Queipo de Llano, al mando de las fuerzas sublevadas en Sevilla, planeaba una ofensiva hacia el este andaluz. El objetivo era estratégico: controlar el puerto de Málaga, cortar las comunicaciones republicanas en el sur y asegurar una vía marítima para el suministro de tropas y armamento.
La ofensiva sobre Málaga comenzó a finales de enero de 1937. El ejército sublevado contaba con unos 15.000 hombres, incluidos 10.000 soldados italianos del Corpo Truppe Volontarie (CTV), junto con unidades regulares españolas, legionarios y fuerzas marroquíes.
Por el contrario, las fuerzas republicanas apenas sumaban unos 10.000 combatientes mal equipados, muchos de ellos milicianos sin experiencia ni apoyo logístico.
Entre el 3 y el 8 de febrero de 1937, las tropas franquistas avanzaron rápidamente desde Ronda, Antequera y Motril, mientras la aviación y la marina bombardeaban la ciudad. Málaga fue asediada y tomada en apenas cinco días, cayendo el 8 de febrero de 1937.
Las defensas republicanas colapsaron ante el poder de fuego enemigo y la falta de coordinación. Miles de combatientes se retiraron, mientras la población civil entraba en pánico ante la inminente ocupación.
El 8 de febrero, las tropas nacionales entraron en Málaga sin encontrar apenas resistencia.
La toma de la ciudad fue seguida por una represión inmediata, con centenares de ejecuciones y detenciones de republicanos, sindicalistas y simpatizantes del Frente Popular.
El nuevo mando militar, encabezado por el general Queipo de Llano, impuso un control férreo sobre la población, mientras los organismos republicanos desaparecían.
Este episodio marcó un punto de inflexión en la guerra en Andalucía: por primera vez, el bando sublevado tomaba una capital importante del sur peninsular, asegurando una posición estratégica en el Mediterráneo y fortaleciendo su avance hacia el este.
El hecho más dramático vinculado a la caída de Málaga fue la huida masiva de la población civil, conocida como la Desbandá.
Decenas de miles de personas —entre 50.000 y 150.000, según las estimaciones— abandonaron la ciudad en dirección a Almería, a unos 200 kilómetros al este, por la carretera costera N-340.
Familias enteras marchaban a pie, con lo poco que podían cargar: niños, ancianos, mujeres y heridos. Sin apenas alimentos ni refugio, avanzaban mientras eran bombardeados por la aviación y la marina franquista e italiana.
Los cruceros Canarias, Baleares y Almirante Cervera, junto con aviones de la Legión Cóndor alemana y del ejército italiano, atacaron sin descanso la columna de refugiados, causando miles de víctimas.
El doctor canadiense Norman Bethune, que acompañó parte del éxodo con su unidad sanitaria móvil, dejó un testimonio desgarrador en su informe El crimen de la carretera Málaga-Almería, donde describió escenas de devastación, hambre y muerte.
Se calcula que entre 3.000 y 10.000 personas murieron durante el trayecto, aunque las cifras exactas siguen siendo objeto de debate histórico.
La caída de Málaga y la Desbandá tuvieron profundas repercusiones tanto militares como humanitarias.
Militarmente, supuso una victoria decisiva del bando franquista, que consolidó su control sobre el sur peninsular y desmoralizó al ejército republicano.
Políticamente, evidenció las divisiones internas del bando republicano y la falta de coordinación entre las fuerzas de defensa, lo que provocó duras críticas al gobierno de Largo Caballero.
En el plano humano, la Desbandá quedó grabada como una de las mayores tragedias civiles de la guerra, comparable a los bombardeos de Guernica o Alicante, pero durante décadas fue silenciada o minimizada por el régimen franquista.
Durante el franquismo, los hechos de la Desbandá fueron omitidos de los relatos oficiales, y no fue hasta el final de la dictadura cuando comenzaron a estudiarse con rigor.
A partir de los años 90 y 2000, historiadores, asociaciones de memoria histórica y familiares de las víctimas impulsaron actos de homenaje y rutas conmemorativas por la carretera Málaga-Almería.
Cada año, en febrero, se celebra la Marcha por la Desbandá, en la que centenares de personas recorren el mismo camino que los refugiados de 1937 para rendir homenaje a las víctimas.
El suceso se considera hoy un crimen de guerra y un símbolo del sufrimiento civil durante los conflictos bélicos.
La toma de Málaga y la Desbandá simbolizan uno de los momentos más oscuros de la historia contemporánea de España.
Más allá de la victoria militar, el episodio dejó una huella de dolor, muerte y exilio que aún forma parte de la memoria colectiva andaluza.
Recordar estos hechos no solo implica mirar al pasado, sino también reconocer el sufrimiento civil y reafirmar la importancia de la paz, la justicia y la memoria histórica.

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