Buenaventura Durruti Dumange (León, 14 de julio de 1896 – Madrid, 20 de noviembre de 1936) fue uno de los líderes más destacados del movimiento anarquista español y una figura legendaria de la Guerra Civil Española. Obrero metalúrgico, sindicalista, revolucionario y combatiente, Durruti simbolizó la lucha por la justicia social, la libertad y la revolución obrera. Su nombre quedó asociado al ideal de una España sin amos ni explotadores, donde los trabajadores fueran los protagonistas de su destino.
Su vida fue breve, intensa y profundamente marcada por la acción directa. Murió en combate durante la defensa de Madrid, pero su ejemplo se transformó en un mito libertario que aún hoy sigue inspirando a generaciones enteras.
Nació en una familia humilde de obreros ferroviarios en León. Fue el segundo de ocho hermanos. Su padre, Santiago Durruti, trabajaba en los talleres del ferrocarril y era un sindicalista comprometido con la Unión General de Trabajadores (UGT), lo que influyó en la conciencia social del joven Buenaventura.
Cursó estudios básicos en su ciudad natal, pero pronto se incorporó a trabajar como aprendiz de mecánico y ajustador. Desde joven mostró un carácter rebelde, solidario y de fuerte sentido de justicia. En 1917, participó activamente en la huelga general revolucionaria, convocada por socialistas y anarquistas contra la monarquía de Alfonso XIII. Durante la represión de la huelga, Durruti fue perseguido y despedido de su trabajo en los ferrocarriles, lo que lo obligó a huir de León y emprender una vida de lucha y exilio.
Tras abandonar León, Durruti se trasladó a Asturias y más tarde a Francia. En ese periodo se acercó al anarquismo, al conocer a militantes de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y a exiliados anarquistas europeos. En París entró en contacto con el pensamiento libertario internacional y con figuras como Francisco Ascaso, quien se convertiría en su compañero inseparable de lucha.
Durante los años 20, Durruti y Ascaso formaron parte de diversos grupos anarquistas de acción directa, conocidos por sus expropiaciones y atentados contra figuras de la represión y el capitalismo. Estos actos, aunque violentos, se enmarcaban en el contexto de una época de fuerte represión obrera y dictaduras militares en Europa. Su grupo se hizo conocido como “Los Solidarios”, y más tarde “Nosotros”, un núcleo combativo dentro de la CNT.
Entre 1923 y 1931, Durruti vivió como un revolucionario itinerante. Tras el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera, fue perseguido por la policía española y se exilió en Francia, Argentina, Chile, Cuba y México. En América Latina participó en huelgas obreras y organizó actividades de solidaridad internacional con los trabajadores españoles.
Fue detenido en varias ocasiones, extraditado y encarcelado, pero siempre logró escapar o ser liberado gracias a la presión de los movimientos obreros internacionales. Su fama creció, y su nombre comenzó a ser sinónimo de compromiso total con la causa anarquista.
Con la proclamación de la Segunda República Española en 1931, Durruti regresó a España junto a Ascaso y otros compañeros. Se reincorporó a la CNT y participó en la reorganización del movimiento libertario, que vivía una etapa de gran expansión entre los trabajadores industriales, campesinos y jornaleros.
Durruti promovió la idea de que la República no debía ser un fin en sí misma, sino un paso hacia la revolución social. Participó en huelgas, levantamientos y ocupaciones de tierras en Aragón y Andalucía. Durante estos años, sufrió detenciones y encarcelamientos por su participación en insurrecciones obreras, pero nunca abandonó su convicción de que la libertad solo podía conquistarse mediante la acción revolucionaria.
El 18 de julio de 1936, el golpe de Estado militar encabezado por Francisco Franco y otros generales contra la República desencadenó la Guerra Civil Española. Durruti, en Barcelona, respondió de inmediato junto a los sindicatos anarquistas CNT y FAI. En pocas horas, las fuerzas obreras derrotaron a los sublevados en la ciudad, apoderándose de cuarteles y armamento.
Con la victoria popular en Cataluña, comenzó una profunda revolución social: fábricas, talleres y tierras fueron colectivizados por los trabajadores. Durruti emergió como uno de los principales líderes del movimiento anarquista y organizó la Columna Durruti, una unidad de milicianos que marchó hacia Aragón para luchar contra los franquistas y extender la revolución.
